Teléfono, locura, comida mexicana...
El otro día estábamos demasiado serios a la hora de almuerzo. De vez en cuando nos desconcentramos cuando nuestros ojos se encontraban. Podía sentir su energía. De lejos, de cerca. Necesitaba sentir su respiración cerca mío. Más aún después de la locura de anoche, en que lo volví a sentir con mucha piel. Me molestaba, se reía y como una niña buena aceptaba sus desatinos...hacía como que enojaba, aunque en el fondo sé que manejo mal. Jajajaja, pero al lado de él es inevitable desconcentrarse. Me hace volver a tí....
Y si volviera a nacer te pediría
Y si pudiera te daría más calor
Me quemas con la punta de tus dedos
Tus manos hacen llagas en mi piel
Me abrazo con tu lengua que hace fuego
Y ahora me hierve no lo ves
Y ya sabes que me tienes cuando quieres
Ya sabes como soy
Ya sabes que me entra a la primera
Como el fuego arde en la hoguera
Ay que calor...
Me gusta tu infierno
Me hace sudar
Me hace volver a tí
Y si volviera a nacer te pediría
Y si pudiera te daría más calor
Me quemas con la punta de tus dedos...
O mejor...lean lo siguiente (Mensaje subliminal a cierto Dulce Veneno)
Lujuria es mi deseo de ti. Son mis pasiones desatadas contigo que te exploran y acarician. Lujuria es cuando seduces mi pensamiento instalándote allí, posesiva de mi mente provocándola simplemente con el compás y el sonido de tu voz.
Es dejarme llevar por tu ritmo que me mueve y me conmueve motivándome a querer más, más y aún más de ti. Lujuria es observarte mover y desear tenerte. Es mirarte dormir y desear despertarte. Es entregarme a ti y a tu sensualidad. Y es el deseo intenso de querer conocerte. Lujuria es observarte beber de aquella copa en la distancia. Es fijar mis ojos en los tuyos mientras juegas, mirándome, a saborear los hielos en tu boca. Es ver tu lengua inquieta deslizándolos en ella y acariciar tus labios como si fueran los míos. Es sentir tu mirada clavada en mí atrapando mi cuerpo en tu deseo. Lujuria es acercarme a ti y tomar tu copa entre mis manos y en ese simple gesto cotidiano detenerme en la suavidad de tu piel hasta que tus dedos se desprenden lentamente de los míos dejándome un vacío de ti que se urge en llenar.
Lujuria es clavar mi mirada en la tuya al pasar rozándote deliberadamente y es sentirla recorrer y acariciar mi cuerpo al alejarme de ti. Y es retornar a tu lado y hacerte sentir mi aire en tu espalda. Es percibir tu entrega y tu deseo contenido. Es recorrer tu cuello desde su base hacia la curva de tus hombros. Es inclinarme y besarte allí. Es hundir mis dedos en tu cabello y acariciarte entera con suavidad sin dejar de besarte.
Lujuria es observar como sigues seduciéndome con el silencio cómplice generado entre tu y yo. Lujuria es locura y pasión desenfrenada. Y es simplemente así, sin introducción ni aviso previo, es el tomarte en mis brazos descontroladamente.
Es recorrerte en caricias impacientes de ti. Y es el buscar de mis labios sedientos de los tuyos. Es indagar en ti profundamente. Es frío (tus labios) y calor (los míos), es lengua, búsqueda y encuentro. Y es apretarte a mí aún más fuerte y no dejarte ir, como si con ese simple acto lograra fusionar tu cuerpo con el mío. Lujuria es observarte dormir. Es escuchar el rítmico sonido de tu respiración y acariciarlo. Es desear ser el suave lino de las sábanas que te recubren y se acomodan libremente alrededor de ti.
Es no poder contener el deseo de tocarte, acariciando tu rostro con la delicada suavidad de mis dedos. Es mojar mis labios e inclinarme hacia ti y humedecer los tuyos. Es desear explorarlos y explorarte. Lujuria es el instante en que me percibes a tu lado. Cuando el aroma de mí te intoxica a ti y tus ojos se asoman lentamente a mi mirada. Y tu, simplemente, me miras. Si, solo me miras leyendo cada pensamiento en mi y sonríes. Y ese gesto y tu mirada hacia las sábanas que cubren la desnudez de tu cuerpo, dibujan en mi la sonrisa cómplice de anticipar lo deseado. Lujuria es tomar el extremo de esa sábana y deslizarla hacia mí. Lenta y suavemente acariciando con su suave roce la completa extensión de tu cuerpo. Es descubrir tus formas varoniles en tu tibia y acogedora espalda. Es plenitud y gozo desmedidos entregados a la pasión desbocada.











